Sabes? En el fondo me gustaría ayudarte. Me gustaría enseñarte que realmente el mundo está lleno de amor, que no hay motivo alguno para esconder tus sentimientos, que lo mejor que te puede pasar nada más levantarte es que pienses: aquí estoy yo y hoy es mi día.
Me gustaría que vieras que no todo es un mundo de tinieblas y desagrado, que las personas merecen la pena y que los cánones sociales son basura, que tu estás con la gente porque estás a gusto y no porque eres guay si sales con tus colegas y tienes a tu chica.
Me haría feliz que descubrieras todo eso, que aprendieras que la felicidad compartida es doble y que ésta no llega sólo por las cosas que te ocurren a ti sino que simplemente puedes ser feliz porque la gente que tienes alrededor lo es y tú eres feliz con ellos. Eso es la amistad, eso son las relaciones: el dar sin esperar nada a cambio, el ser feliz porque el otro lo es. Todo lo demás es basura insustancial que por desgracia inunda en nuestras vidas.
Me gustaría hacértelo ver pero desgraciadamente no puedo, no puedo por mucho que quiera, hay algo dentro de mí que me lo impide. Quizá sea una actitud cobarde, quizá sea una actitud protectora, la verdad que no lo sé pero tengo claro que aunque me muera de ganas por ayudarte no podré, no podré porque hay dolor, hay decepción, hay desconfianza y eso no morirá nunca.
La vida es un continuo caminar, es un ir y venir, de momentos, de personas, de lugares. Dicen por ahí que las personas no se olvidan sino que simplemente aprendemos a vivir sin ellas. Puede que sea verdad. Al final lo único que queda es una rutina, una sucesión de hechos condicionados que nos van ocurriendo y van formando nuestra vida. Aún así, los dueños de nuestros recuerdos somos nosotros y ya que los guardamos por lo menos guardemos algo bueno, aunque cueste encontrarlo.
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