¿Qué es lo que hace que nuestra vida se llene de momentos para recordar?
Las reglas? La armonía? No.
Los días grandes son los inesperados. Los días grandes son aquellos que recordamos una y otra vez sin cansarnos de hacerlo, aquellos de los que puedes hablar mil veces, a los que puedes sacarle todo su jugo sabiendo que nunca se acabará. Nadie planeó cuando llegarían esos días, cómo sucederían los hechos, sólo la propia improvisación es la que va marcando el camino.
Me gusta preguntar a mis abuelos, a mis padres, mis tíos cuál era su proyecto de vida cuando eran jóvenes. Compruebo con satisfacción que nada está escrito, que todo lo imposible es posible bajo una misma realidad.
Llámalo como quieras: utopía, inconformismo, llámalo surrealista si lo deseas. Pero no encontrarás respuesta cuando seas capaz de romper tus propios límites y compruebes que lo surreal es lo que está pasando, que vivir es una continua sucesión de hechos no escritos y que éstos hechos, son los que te hacen y harán recordar. Sólo tienes que decidirte a vivir, tirarte sin mirar y comprobar que no hay caída o que no caes solo.